Como colofón a esta breve historia de los diez años desde la apertura del Parque Warner, es momento de analizar la situación actual tanto del parque como de lo que repercute su situación en nuestro municipio y para ello me he servido de algunos artículos publicados en El País. Pese al fracaso de algunos proyectos, no se conoce con certeza cuál será el futuro del parque y de los terrenos que se encuentran a su alrededor, así sobre cuál es la intención del Ayuntamiento para su desarrollo.
El año 2011 no comenzó con muy buen pie para el Parque Warner, quien en el mes de febrero anunció un ERE queafectaría a 88 de los 518 puestos de trabajo. Desde entonces (aunque antes también) se han disparado los rumores acerca de la viabilidad económica del parque, el cual ha visto cambiada su dirección en pocos años. Según la empresa, el parque ronda el millón de visitas anuales (contra los tres previstos) y en 2009 cuando se hizo la última estimación pública, su deuda rondaba los 200 millones. No hay datos más fiables porque Parques Reunidos rehúsa dar información que no tenga fines comerciales. Frente a esta situación, los trabajadores del parque se quejan porque su rentabilidad ha subido en los últimos años a costa de los recortes en el personal y sus salarios. Según Comisiones Obreras relaciona las ganancias de cinco millones de euros en el último ejercicio con una bajada de la masa salarial del 40% la década pasada.
Tampoco terminó muy bien ese año. En noviembre la Comunidad de Madrid anunció que la línea ferroviaria C-3a cerrabaen abril de 2012, y así ha sido. Desde el pasado miércoles ni Parque Warner ni San Martín de la Vega cuentan con este transporte construido en 2002, debido a los 190 usuarios diarios y a un coste de 3,3 millones anuales (aseguran desde el Consorcio de Transportes). El pasado 3 de abril entre 100 y 200 personas se congregaron en la estación de San Martín de la Vega, para realizar la «despedida del último tren«, arropados por algunos de los protagonistas de aquel entonces así como de los representantes municipales de la oposición y de los sindicatos ferroviarios.
Hace 10 años, el día que fue inaugurado el parque, también cayó un tremendo chaparrón sobre los congregados: una extraña mezcla de autoridades y ejecutivos estadounidenses escoltados por el Gallo Claudio, la Guardia Civil de San Martín y Bo Derek. Estos días sigue lloviendo sobre la Warner. Poco a poco se ha convertido en lo que a menudo terminan siendo los parques de atracciones: un lugar que puede decepcionar a los adultos porque no es lo que se esperaba, pero al que siguen llevando a los niños porque se divierten como locos. Ellos siguen jugando ajenos a cualquier consideración, incluso a las fábulas del ladrillo.
A finales de marzo de este año, el Ayuntamiento ha recibido la noticia de que Parque Warner está preparando un proyecto para la construcción de un parque acuático en las instalaciones, cuya inversión ascendería a 8,5 millones de euros. Un proyecto que se presentará durante el 2012 con el fin de obtener las correspondientes licencias. Quizá esta inversión ayude a mejorar la situación del parque y relance una iniciativa de inversión y apuesta por los terrenos de su alrededor, algo muy necesario para el parque y por supuesto, para la ruinosa economía municipal.

