A continuación publico íntegramente una carta que me ha enviado una vecina de nuestro pueblo, relatando su experiencia en estas fiestas, y valorando la organización de los eventos. Agradecerle que se haya decidido poner en contacto con este blog y ofrecer su opinión, al igual que al resto de vecinos que durante las últimas semanas, os habéis puesto en contacto para comentar las diferentes situaciones vividas durante las fiestas patronales.
En vista de que nuestras quejas
como ciudadanos y vecinos de San Martín no parecen llegar a ningún sitio, me he
decidido enviarles este email con la esperanza de que sea publicado en San
Martín con Gafas.
Desde mis tiempos de niña, no
tengo un recuerdo de las fiestas de mi pueblo tan desagradable como el de éste
2013. Allá donde he ido durante estos días me he encontrado con un caos
organizativo y una sensación de despreocupación y falta de imaginación muy palpables.
Después de oír que la alcaldesa había sido abucheada en el chupinazo, una amiga
vecina de Santa Elena me cuenta que en la carrera de los autos-locos sólo había
un participante y fueron suspendidos.
Además dice que los fuegos
artificiales de este año parecían estar dirigidos hacia sus casas, ya que
varios cohetes impactaron en sus terrazas y azoteas, y algunas carcasas cayeron
sobre ellos, aún encendidas, con el peligro que suponen. Además me comentó la
altura que tienen las hierbas en los jardines de la zona, ya que hace tiempo
que no son cortadas y que pensaron que en algún momento podían prender con las
chispas que caían sobre ellas.
El viernes bajo con una de mis
hijas al encierro y cuál es nuestra sorpresa cuando después de pasar dos toros,
en poco más de cinco minutos, nos informan de que el encierro ha terminado.
Consultamos el programa de fiestas y vemos que en él dice que serán tres. Por
supuesto la gente se quejaba de lo carísimo que nos salen estos encierros tan
descafeinados para luego encima tener la plaza medio vacía como pasó en la
becerrada y en la novillada.
El sábado vuelvo a salir con otra
de mis hijas, para ver con ella las carrozas. Cuando estas llegan a nuestra
altura, poco antes de la gasolinera, los tres muñecos de la Warner que
desfilaban en una de ellas, nos dicen que no tienen caramelos, que se han
terminado. Con la cara de decepción que os podéis figurar en los más pequeños. Pero no es lo
peor de las carrozas, lo peor es ver que contiene más coches de policía y
limpieza, que de carrozas en sí. Si no fuera por la colaboración de algún grupo
de vecinos, estas se reducirían a un remolque con tres muñecos que ni siquiera
llevan caramelos.

La macrodiscoteca se monta a las
afueras del pueblo, con la excusa de no molestar a los vecinos con la sensación
de inseguridad que da el estar en una zona tan alejada, confirmada por el
relato de mi hija de peleas multitudinarias, que parece ser que acabaron con
varias detenciones. En medio de la nada, puede pasar de todo, aunque al menos
este año han tenido baños ya que el año pasado por lo que me contaban, tenían
que ir a «mear» en medio del campo, como los animales.
Pero la gota que ya colma el vaso
de tanto despropósito, es la organización del espectáculo de las canciones de
Disney. Después de esperar más de una hora en la cola, viendo como unos y otros
se colaban diciendo tener a un familiar más adelante, casi nos quedamos sin sitio
en el interior y una vez completado el aforo, sigue entrando una multitud que
ocupan pasillos, escaleras y puertas de emergencia. ¿Es que nadie controlaba el
número de personas que habían accedido al auditorio? Luego aparece la policía y
por megafonía se dice que no empezará el espectáculo hasta que no sean
desalojadas todas las personas que no tienen asiento. Esto nos lleva además a
empezar con un retraso monumental, añadido a la espera en la fila para entrar.
Cuando finalmente comienza, la calidad del sonido y los constantes pitidos eran
insoportables. Sólo hubiera faltado que nos hubiesen cobrado la entrada.
Resumiendo, las peores fiestas
que he vivido en mi pueblo, con mucha diferencia, y me pregunto si las decenas
de miles de euros que se gastan en organizar estos actos tan cutres, no podían
ser utilizados para contratar a algunos parados del pueblo que se dediquen al
mantenimiento y la limpieza de las calles y jardines. No me extraña en absoluto
que la alcaldesa sea abucheada por los vecinos, después de tanto recorte,
cierre de servicios como la residencia municipal y las subidas de impuestos que
hemos sufrido. ¿Qué quiere? ¿Que la aplaudamos allá por donde vaya? Pues va
lista.
Menos despilfarro y más gestión
querida Guijorro, que me tienes hasta el gorro.
Rosa.