La plaga de oruga procesionaria se ha extendido por diversas zonas de San
Martín de la Vega, según nos han trasmitido varios vecinos. Este hecho supone
un riesgo importante para niños y mascotas porque llaman mucho la atención y el
simple contacto con sus dardos urticantes puede provocar desde reacciones
cutáneas más o menos severas en ojos, boca y bronquios hasta, en personas
especialmente sensibles, anafilaxia severa.
Martín de la Vega, según nos han trasmitido varios vecinos. Este hecho supone
un riesgo importante para niños y mascotas porque llaman mucho la atención y el
simple contacto con sus dardos urticantes puede provocar desde reacciones
cutáneas más o menos severas en ojos, boca y bronquios hasta, en personas
especialmente sensibles, anafilaxia severa.
Debido a la gran cantidad de pelos urticantes y su ínfimo tamaño no sólo el
contacto directo, sino también vía aérea, las orugas pueden provocar daños en
las zonas infestadas. En los humanos las afecciones más habituales por ellas
provocadas son cutáneas. En los animales, sobre todo en los perros, el contacto
con las orugas procesionarias puede llegar a ocasionar problemas graves.
contacto directo, sino también vía aérea, las orugas pueden provocar daños en
las zonas infestadas. En los humanos las afecciones más habituales por ellas
provocadas son cutáneas. En los animales, sobre todo en los perros, el contacto
con las orugas procesionarias puede llegar a ocasionar problemas graves.
El animal puede llegar incluso a morir si no se somete a una intervención
veterinaria prácticamente inmediata, en el rápido periodo de una o dos horas
desde el momento en que entrara en contacto con las pelusas urticantes. Según
nos ha transmitido una vecina, la extensión de esta plaga se puede deber a que
“no se han tomado las medidas preventivas meses atrás, como
podar los árboles (lo están haciendo ahora), quemar los bolsones y fumigar”. Al parecer se han puesto en
contacto con el Ayuntamiento sin que éste les haya dado alguna solución.
veterinaria prácticamente inmediata, en el rápido periodo de una o dos horas
desde el momento en que entrara en contacto con las pelusas urticantes. Según
nos ha transmitido una vecina, la extensión de esta plaga se puede deber a que
“no se han tomado las medidas preventivas meses atrás, como
podar los árboles (lo están haciendo ahora), quemar los bolsones y fumigar”. Al parecer se han puesto en
contacto con el Ayuntamiento sin que éste les haya dado alguna solución.
Ante esta situación, desde este blog recomendamos a los vecinos tener
cuidado, especialmente donde haya pinos, mirar al suelo y llevar al perro bien
atado para evitar sustos. Las zonas de las que nos han trasladado la aparición
de estas orugas, son la Avenida Nicasio Sevilla (a la altura del cuartel de la
Guardia Civil, de donde es esta foto), Avenida Abogados de Atocha y Pasillo Verde.
cuidado, especialmente donde haya pinos, mirar al suelo y llevar al perro bien
atado para evitar sustos. Las zonas de las que nos han trasladado la aparición
de estas orugas, son la Avenida Nicasio Sevilla (a la altura del cuartel de la
Guardia Civil, de donde es esta foto), Avenida Abogados de Atocha y Pasillo Verde.
En las orugas procesionarias, convertidas en pardas mariposas, los ejemplares
adultos se aparean en verano y forman sus nidos en madejas espirales al abrigo
de las copas de los pinos, aunque también pueden encontrarse en cedros y
abetos. Entre septiembre y marzo permanecen en el estado denominado larvario,
luego, a partir de abril, convertidas ya en orugas, descienden al suelo o
simplemente caen, para enterrarse y continuar su metamorfosis.
adultos se aparean en verano y forman sus nidos en madejas espirales al abrigo
de las copas de los pinos, aunque también pueden encontrarse en cedros y
abetos. Entre septiembre y marzo permanecen en el estado denominado larvario,
luego, a partir de abril, convertidas ya en orugas, descienden al suelo o
simplemente caen, para enterrarse y continuar su metamorfosis.
Están guiados por un ejemplar hembra, en una fila india muy característica, por la que son comúnmente conocidas con el nombre de procesionarias. Desde la Comunidad de Madrid han informado que «cada oruga dispone a lo largo de su cuerpo de unos 500.000 pelos o tricomas especiales que asemejan morfológicamente a pequeños dardos o flechas envenenadas. Su pequeño tamaño y el hecho de que puedan desprenderse con facilidad implica un riesgo importante de urticaria no sólo por contacto directo sino también vía aérea a través del efecto de corrientes de viento«.
